Es así, con una gran tarta elaborada por una conocida pastelería kosovar, como se celebraba ayer la recién proclamada independecia de Kosovo como estado independiente de Serbia. Parece inevitable hablar de este tema ya que todos los medios nacionales dedican gran parte de su tiempo a esta noticia. Uno, que intenta leer todo periódico cuanto puede, ver cada telediario y buscar en Internet todo "lo que hay que saber", se encuentra hoy con una cuestión muy particular que debe ocurrir bastante a menudo y de la que no somos conscientes: conocemos del mundo lo que quieren que conozcamos. Y lo digo porque la independecia de Kosovo y todo su problema escisionista me coje un poco "desinformado", llegando así a la conclusión de que Kosovo solo es importante cuando importa a los que creen que es importante que a nosotros nos importe.Se encontrarán explicaciones valoradas y expertas, históricas, sociales, políticas y de mil clases más para comprender por qué en un mundo cada vez más globalizado y homogeneo hay "hueco" para los nacionalismos más localizados como es el caso de Kosovo. No es mi intención deslegitimar la independecia de este nuevo país pues ni tan siquiera el conocimiento que de este hecho tengo, sería suficiente como para hacerlo. Parece lógico: ante un movimiento globalizador y unificador que tiende a homogeneizar lo que encuentra a su paso, surje el nacionalismo de los pueblos que pretenden reconocer su identidad.
Cabe preguntarse el papel de Kosovo en la escena internacional y su poder para autodefinirse como Estado; se hace evidente que esto no es posible sin el apoyo internacional. Desposeer un sentido crítico e inconformista puede hacernos creer que las principales potencias internacionales apoyan o no la causa kosovar en función de su ideología o política exterior; nada más lejos de la realidad. Ese nacionalismo escisionista sirve para desmembrar aún más la antigua república federal yugoslava, venida a menos y convertida en Serbia: la salida al Adriático de la Rusia de Putin. No dejan de existir implicaciones étnicas, históricas, etc. que configuran razones lo suficientemente "democráticas" y "comprometidas" como para apoyar al Estado Kosovar.
Conviene, a estas alturas (y para no aburrir a algun lector si lo hubiere), ser claro: los Balcanes son "una gran tarta", la independecia de Kosovo es un trozo más de esa tarta y las potencias mundiales se deben repartir cada trozo disfrazados de caballeros que velan por el bienestar mundial. EE.UU limita el poder de los aliados rusos; Francia y Alemania refuerzan su posición fuerte en la OTAN y justifican y expían culpas por pasadas acciones bélicas; ¿y España?
Será curioso apreciar la postura de España y su Gobierno en la figura del ministro Moratinos. Ese problema "tan lejano" para otras potencias como EE.UU o Alemania es, para nosotros, uno de los más grandes de nuestra historia. En pocos días veremos el uso que de este acontecimiento hacen los nacionalistas vascos y la postura de España ante todo esto: se avecinan días complicados para la política exterior.
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